jueves, 19 de octubre de 2017

De vuelta es de regreso.

Tengo la vaga idea de que ya escribí eso millones de veces. Hoy se me ocurrió volver a escribir por acá con cierto nivel de frecuencia y les cuento, ya lo he intentado.
Pero cada cosa que escribo me parece cursi, violenta, cursi y violenta, no sé. La verdad es que no sé. Lo que me pasa es que cuando la realidad es tan perversa, la imaginación se hace pequeña, aunque necesaria. Que "el arte nos salva" se convierte en un slogan, que el tiempo se hace porotos dentro del vaso del mixer, que la siesta necesaria nunca repara lo que el mundo daña, y que el amor es la mejor revolución, pero no lo digamos en voz alta.
Me pasa eso: hay tanto repetido que no encuentro qué decir. Por eso mejor me escondo en mi callejón que alguna vez fue un lugar seguro, pero estaba un poco con la parte de la manía, y como toda manía bajó con la tristeza y se llevo la gracia y el sentido de las cosas.
Nunca soy la misma, ni ahora ni después de la siguiente palabra.
La idea, espero, es comentar breve o detenidamente todo o casi todo lo que lea. Por placer no más, de pensar y re pensar, y discutir el mundo.

Abrazos sinceros y sencillos.

M (las que fuimos, somos y seremos)

viernes, 11 de marzo de 2016

domingo, 4 de octubre de 2015

Lectura conjunta: "Anatema" de Marcos Llemes

Hola pajarillos primaverales. Aquí les dejo mi reseña (o lo que sea) del primer libro de la trilogía: "Niños del Inframundo" de Marcos Llemes.


Título: Anatema, la selva de los tristes.  Niños del Inframundo. Libro I
Autor: Marcos Llemes
Género: Fantasía Heroica
Páginas: 315


Editorial: (leí la versión para la “Zona Club Lectura”) *


miércoles, 29 de abril de 2015

La Hora Sexta: final de la lectura.

Bueno, aquí he venido, con el último tirón antes de la noche de Walpurgis, a cumplir con lo que me he comprometido, aunque vengo cumpliendo en cuotas. Digo, tendré que esperar hasta abril para poder adquirir comercialmente mi versión oficial de LHS, acabo de entrar a mi cuenta y literalmente figura en negativo. No creí que eso podía ser real, pero si, mis números no sólo están en rojo, sino que ya no son números naturales.

Bien, no era una clase de matemáticas, ni de economía, era un lamento de cotidianeidad, cotidianeidad que ha sido alterada los días previos a tal fiesta de brujas, con todos esos preparativos.

En fin, divago, para hacer tiempo y como cada vez que entro aquí. Pero también porque sé que si escribo esto se termina ¿se termina? Momento, ¿aquí se termina? No, no, eso espero. Se termina por ahora. 

Bueno, bien, en fin.